fbpx

Mentiras y posverdad en la era Bitcoin

 In Sin categoría

Mentiras y posverdad en la era Bitcoin

Por Federico Bond

El Bitcoin tiene muchas características entre las que destacan su inmutabilidad, resistencia a censura y antifragilidad. La cuestión que nos trae acá, sin embargo, tiene que ver con la facilidad y frecuencia con la que tiende a confundir y dejar en offside a muchos de los “expertos” que se han formado y han crecido en el centro de las estructuras tradicionales. Estos expertos suelen revelan un entendimiento bastante superficial tanto de la tecnología como de los fundamentos económicos más básicos. El artículo que nos incumbe en esta ocasión es una nota titulada “Bitcoin, la moneda de la posverdad” escrita por el docente economista Mariano Gallego y publicada por el diario Página/12. El autor comienza citando al economista y Premio Nobel de Economía Robert Schiller que dice que “el bitcoin no tiene valor a menos que exista el consenso de que tiene valor”. Hasta acá todo bien, la frase si resalta en todo caso es por la falta de originalidad. Cualquiera con conocimientos básicos de economía sabe que el valor de las cosas es valor subjetivo. El dólar tampoco tiene valor a menos que exista el consenso de que tiene valor. EEUU puede hacer gala de su producción y su capacidad armamentística para ofrecer un respaldo “soft” pero ese respaldo no se constituye en algo más que las expectativas de poder adquirir bienes y servicios ofrecidos en dólares en el futuro.

 

Vamos a un ejemplo un poco más difícil. Alguno podrá decir que el dólar, que no es más que un papel pintado vale por esas expectativas pero una manzana, con su capacidad para aportar nutrientes necesarios para la vida tiene sí un valor intrínseco. Pero nuevamente nos enfrentamos a la subjetividad: si nuestros paladares detestaran las manzanas, éstas tendrían tanto valor como cualquier fruto desconocido que nos pudiéramos cruzar en medio de una selva. La idea de que una cosa puede tener valor “real” mientras que otra no queda así desarmada. Valoramos siempre las cosas en función de su capacidad de satisfacer ciertas necesidades. Luego el precio surge de esa constelación de valores subjetivos que se encuentra representada en determinado momento como la oferta y la demanda de un mercado.

 

Gallego busca en el Bitcoin un sustento “materialista”, tal como él lo describe. Pero olvida que buena parte de la economía actual opera sobre bienes y servicios que no tienen más sustento materialista que unos y ceros grabados en memorias de computadora, o sea, como el Bitcoin. La industria del software, la música y otros contenidos digitales, el marketing online, mueven miles de millones actualizando valores en un datacenter. También lo hace el Bitcoin con sus nodos y mineros distribuidos por el mundo.

 

Para fundamentar la necesidad de un respaldo materialista, Gallego enlista a Smith y a Marx pretendiendo cubrir todo el espectro ideológico. Olvida que tanto Smith como Marx trabajaban sobre la misma teoría de que el valor de las mercancías estaba en el trabajo ocupado en producirlas. En lo que a valor económico se refiere, es el equivalente a traer a Aristóteles para explicar la dinámica del movimiento de los cuerpos físicos. La teoría subjetiva del valor, ya anticipada por los escolásticos españoles del siglo XVI pero desarrollada en su forma marginalista actual por Walras, Jevons y Menger a principios del siglo XX, representó una revolución en el pensamiento económico tan grande como la de Newton en la física.

 

Dicho esto, es cierto que una parte importante del valor del Bitcoin hoy corresponde a las expectativas a futuro. Los conocidos HODLers son personas que creen y están dispuestos a ahorrar en Bitcoin a largo plazo con la expectativa de poder disfrutar de importante ganancias. En esencia, esto no es muy diferente a lo que ocurre en otros tipos de mercados especulativos, como el de las acciones o el petróleo. La diferencia radica en que el mercado de criptoactivos se encuentra mucho más abierto al ingreso de nuevos actores menos experimentados, que han encontrado trabas o simplemente no se encuentran muy interesados en invertir en activos tradicionales y están dispuestos a asumir mayores niveles de riesgo. Además, el mercado de criptoactivos todavía es pequeño y si le sumamos la inexperiencia de muchos inversores y un ánimo efervescente tenemos el caldo de cultivo ideal para alimentar alzas y correcciones súbitas en el precio, como las que hemos visto a lo largo de los últimos años. Esto debería ser cada menos potente a medida que Bitcoin agote su crecimiento en el o los segmentos de mercado en los que se está posicionando, en particular como competencia al oro en su calidad de activo de resguardo internacional, con las ventajas de ser más líquido y poder almacenarse y trasladarse de manera mucho más fácil.

 

Vayamos ahora al tema de la “posverdad” que forma parte del título de la nota, término que se ha puesto de moda últimamente y que remite a nuestra tendencia a dejarnos llevar por prejuicios y emociones y “fabricar” nuestra propia realidad de manera independiente a los hechos. La relación que plantea Gallego salta a primera vista como oportunista dado que alcanza y sobra con el lenguaje de la subjetividad del valor para describir lo que está ocurriendo con el Bitcoin, pero es también una oportunidad para detenernos y reflexionar un poco sobre el tema. Creo que Gallego acá también se equivoca. No es que vivamos en una “era de la posverdad” porque eso implicaría que en algún momento vivimos en una “era de la verdad”. En su libro “The Revolt of the Public and the Crisis of Authority in the New Millennium”, el analista Martin Gurri explica de manera brillante cómo el tsunami de información característico de nuestra era ha puesto en crisis las instituciones que antes considerábamos autoritativas en sus respectivos dominios. Los gobiernos, las universidades y centros de investigación académica, los medios de comunicación masiva y otras instituciones no han bajado significativamente su calidad (nunca tuvieron demasiada) pero ahora cada paso en falso que dan las revela en su incompetencia e impotencia para manejar aquellos aspectos que hemos puesto en sus manos. Este fracaso en público es lo que genera la pérdida de legitimidad en las instituciones que ha sido instrumental en el surgimiento y crecimiento de alternativas como Bitcoin, que surgen en directa oposición al ethos de las instituciones tradicionales.

 

El advenimiento del Bitcoin ha puesto en jaque mucho de lo que creíamos intocable de nuestro sistema actual, como el control sobre la moneda por parte de los gobiernos. El futuro de esta la tecnología es incierto pero prometedor. Tenemos mucho para ganar si estamos dispuestos a abandonar ideas anticuadas de cómo deben ser las cosas.

Recent Posts

Leave a Comment

0

Start typing and press Enter to search